jueves, 7 de marzo de 2013

El retrato literario

EL RETRATO LITERARIO
El retrato literario es el recurso teórico que nos presenta al personaje, nos lo hace visible, creíble y cercano. No es más que la comunión estilística que relaciona los rasgos físicos con los psicológicos. Acumula detalles de una o varias partes del cuerpo, describe las características de su vestimenta, de sus posesiones, y las vincula a su comportamiento. Su físico y su personalidad se reflejan en un espejo de palabras.
“Tichborne era un esbelto caballero de aire envainado, con los rasgos agudos, la tez morena, el pelo negro y lacio, los ojos vivos y la palabra de una precisión ya molesta; Orton era un palurdo desbordante, de vasto abdomen, rasgos de una infinita vaguedad, cutis que tiraba a pecoso, pelo ensortijado castaño, ojos dormilones y conversación ausente o borrosa”.
[ Fragmento de El impostor inverosímil Tom Castro, Historias universal de la infamia, de Jorge Luis Borges ].
En una novela, el retrato puede tener mucha más expansión que en el género literario del cuento. En este último caso, se apuesta por uno o varios detalles físicos y psíquicos que nos perfilen al personaje. Si retornamos al ejemplo de Borges y lo sintetizamos, podríamos retratar a Tichborne como un esbelto caballero de ojos vivos y la palabra de una precisión ya molesta. O bien a Orton como un palurdo desbordante de ojos dormilones y conversación ausente. Así, una parte de ambos significarían el todo, a modo de sinécdoque.
El retrato literario como técnica narrativa nace desde la descripción, pero avanza un peldaño creativo más. La descripción es un inventario de detalles anatómicos de los cuales elegimos el más característico, mientras que el retrato viste al personaje con su componente psicológico más definitorio. Así, sintetizamos en breves líneas las respuestas a dos preguntas claves: cómo es y quién es.
Dentro de las diferentes clasificaciones que existen sobre el retrato literario, Aviondepapel.tv te ofrece dos. Se trata del retrato estático y el retrato dinámico, cuyas diferencias te indicamos a continuación.
El retrato estático es una foto fija del personaje. Tomaría más peso la descripción física (prosopografía) que la de su carácter, moral o personalidad (etopeya).
Priman, por tanto, los sustantivos y los adjetivos, hecho que frena el tiempo de la narración. Es como si el narrador se detuviera un instante y nos bosquejara al protagonista.
La descripción física se expande, a menudo, con los emblemas que lo definen: cómo viste, de qué objetos se rodea, etcétera.
Quizás el primer capítulo de El Quijote, sea el ejemplo más certero. Cervantes nos sitúa en un lugar de la Mancha, describe quién es Alonso Quijano a través de sus posesiones (lanza en astillero, rocín flaco), nos adelanta su fisonomía (complexión recia, enjuto de rostro), se detiene en su apodo (Quijano, Quijote) hasta culminar con sus costumbres de obsesivo lector. Es el retrato estático escalonado más universal de la literatura.
El retrato dinámico, en cambio, ataca con más énfasis el comportamiento del personaje que
su anatomía. Mandan, por tanto, los verbos de movimiento que los sustantivos y adjetivos.
Retratamos al personaje “en marcha”; describimos sus gestos, su comportamiento, sus sentimientos, en definitiva, su personalidad ante los sucesos que le acontecen en la historia.
“Como era arrogante, por naturaleza y por hábitos de exsuboficial, arqueó el busto, se rizó el bigote con un gesto militar y familiar, y echó a los comensales rezagados una mirada rápida y circular, una de esas miradas de hombre guapo que se extienden como un esparavel”.
[ Fragmento de Bel Ami, de Guy de Maupassant ].
El retrato, por tanto, se sitúa a medio camino entre la descripción y la escena. Cuando priman los detalles físicos de una manera estática se escora hacia la descripción. Cuando manda el comportamiento del personaje para reflejar su personalidad a través de acciones, se acerca
mucho más a la escena.
ESCENA (personaje + acción + suceso + reacción)
 RETRATO (suma de detalles físicos y psicológicos)
 DESCRIPCIÓN (detalles)
Las diferencias entre estos tres términos parecen claras. La descripción son detalles que, cuando combinan rasgos físicos y psicológicos se transforma en retrato.
La escena se diferencia del retrato por simple estructura. Cualquier escena muestra un planteamiento, un nudo y un desenlace al que se suma un posible diálogo entre personajes.
FIN

miércoles, 6 de marzo de 2013

El monólogo interior


MONÓLOGO INTERIOR

 

 

El monólogo interior es una técnica narrativa por medio de la cual los pensamientos de los personajes son revelados de manera que parecen no estar controlados por el autor. El propósito del monólogo interior es el de revelar lo más íntimo del personaje. Esta técnica narrativa es capaz de enmarcar las experiencias emocionales mientras están ocurriendo, a nivel consciente e inconsciente. En ella, el autor opta por no distinguir entre niveles de conciencia; maneja complejos patrones de memoria, imágenes y fantasías para representar sensaciones y emociones “en bruto”. Se trata, pues, de la representación del “discurso” interior de un personaje.

 

El monólogo se distingue del soliloquio en cuanto que ocurre antes de cualquier verbalización, a un nivel pre-discursivo; intenta representar la naturaleza fragmentaria del pensamiento antes de ser organizado, con intenciones comunicativas, por quien lo piensa. Este nivel pre-discursivo da a la narrativa un sentido mucho mayor de realismo psicológico, de intimidad con el personaje. El lector se siente testigo presencial, no mero receptor, de sus pensamientos. Pues el monólogo interior es un flujo de la conciencia [referencia cruzada con el concepto flux de la consciència], que se encarga de presentar al lector el curso de la misma precisamente como está ocurriendo en la mente del personaje. Mediante esta técnica, el personaje parece estar (valga la redundancia) pensando sus pensamientos, más que explicándolos a alguien. Así pues, los términos flujo de la conciencia y monólogo interior se usan, muchas veces, indistintamente, sobre todo en la tradición anglosajona. Algunos autores, no obstante, distinguen el flujo de la conciencia [referencia cruzada con el concepto flux de la consciència] —es decir, el fenómeno psíquico propiamente dicho—, del monólogo interior —la formulación verbal de este fenómeno. 

 

El término monólogo interior fue usado por primera vez por el filósofo y psicólogo estadounidense William James en su libro Principios de la psicología (1890), y poco después el término se utilizó literariamente. Quizás, quien le da el máximo desarrollo al concepto de monólogo interior sea el escritor irlandés James Joyce. Éste dice haberlo descubierto en el libro Les Lauriers sont coupés del novelista francés Édouard Dujardin, quien, hablando a su vez de Joyce, define el monólogo interior como “el discurso sin auditor y no pronunciado, mediante el cual un personaje expresa sus pensamientos más íntimos, más cercanos al inconsciente, anteriores a cualquier organización lógica, es decir, en embrión, y para ello se vale de frases directas reducidas sintácticamente a lo indispensable, para dar así la impresión de ‘lo magmático’”. Joyce explora en Ulysses monólogos interiores, con los que contrasta claramente tres personajes de diferente racionamiento y clase social. El más célebre, al menos como fragmento literario autónomo, es el monólogo de Molly Bloom con el que termina el libro.

 

Hay otros exponentes de monólogo interior o flujo de la conciencia. La escritora inglesa Virginia Woolf, cuyas novelas Al faro y Las olas, en particular, exploran la interioridad de los personajes conservando, sin embargo, el orden gramatical y sintáctico que el monólogo joyceano desprecia. El escritor estadounidense William Faulkner, en cambio, recibió directamente la influencia del Ulysses. En El ruido y la furia y en ciertos pasajes de ¡Absalón, Absalón!, Faulkner se vale de la técnica para construir la identidad del personaje. En aquella novela, por ejemplo, el monólogo de Benjy revela su condición de retrasado mental sin jamás mencionarla directamente. Así, la narración gana en autonomía y en verosimilitud.

 

En TIEMPO DE SILENCIO, Luis Martín Santos tiene pasajes magistrales utilizando esta téctnica narrativa. Observemos este ejemplo:

 

Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. No me he

enterado bien. He dejado el teléfono. He dicho: «Amador». Ha venido con

sus gruesos labios y ha cogido el teléfono. Yo miraba por el binocular y

la preparación no parecía poder ser entendida. He mirado otra vez:

«Claro, cancerosa». Pero, tras la mitosis, la mancha azul se iba

extinguiendo. «También se funden estas bombillas, Amador.» No; es que

ha pisado el cable. « ¡Enchufa!» Está hablando por teléfono. «¡Amador!»

Tan gordo, tan sonriente. Habla despacio, mira, me ve. «No hay más.» «Ya

no hay más.» ¡Se acabaron los ratones! El retrato del hombre de la barba,

frente a mí, que lo vio todo y que libró al pueblo ibero de su inferioridad

nativa ante la ciencia, escrutador e inmóvil, presidiendo la falta de

cobayas. Su sonrisa comprensiva y liberadora de la inferioridad explica

-comprende- la falta de créditos. Pueblo pobre, pueblo pobre. ¿Quién

podrá nunca aspirar otra vez al galardón nórdico, a la sonrisa del rey

alto, a la dignificación, al buen pasar del sabio que en la península seca

espera que fructifiquen los cerebros y los ríos? Las mitosis anormales,

coaguladas en su cristalito, inmóviles -ellas que son el sumo

movimiento-. Amador, inmóvil primero, reponiendo el teléfono,

sonriendo, mirándome a mí, diciendo: «¡Se acabó!». Pero con sonrisa de

merienda, con sonrisa gruesa. «Qué belfos, Amador.» La cepa MNA tan

prometedora. Suena otra vez el teléfono. Lo olvido. «¿Por qué se ríe,

Amador? ~De qué se ríe usted?» Sí, ya sé, ya. Se acabaron los ratones.

Nunca, nunca, a pesar del hombre del cuadro y de los ríos que se pierden

en la mar. Hay posibilidad de construir unas presas que detengan la

carrera de las aguas. ¿Pero, y el espíritu libre? El venero de la inventiva.

El terebrante husmeador de la realidad viva con ceñido escalpelo que

penetra en lo que se agita y descubre allí algo que nunca vieron ojos no

ibéricos. Como si fuera una lidia. Como si de cobaya a toro nada hubiera,

como si todavía nosotros a pesar de la desesperación, a pesar de los

créditos. Esa cepa cancerosa comprada con divisas otorgadas por el

Instituto de la Moneda. Traída desde el Illinois nativo. Y ahora,

concluida. Amador sonríe porque alguien le habla por teléfono. ¿Cómo

podremos nunca, si además de ser más torpes, con el ángulo facial

estrecho del hombre peninsular, con el peso cerebral disminuido por la

dieta monótona por las muelas, fabes, agarbanzadas leguminosas y

carencia de prótidos? Sólo tocino, sólo tocino y gachas. Para los hombres

como Amador, que ríen aunque están tristes, sabiendo que el último

ratón de la cepa MNA perdido nos indica que nunca, nunca el

investigador ante el rey alto recibirá la copa, el laurel, una antorcha

encendida con que correr ante la tribuna de las naciones y proclamar la

grandeza no sospechada que el pueblo de aquí obtiene en la lidia con esa

mitosis torpe que crece y destruye, igual aquí que en el. Illinois nativo,

las carnes frescas de las todavía no menopáusicas damas, cuya sangre

periódicamente emitida ya no es vida sino engaño, engaño. «Betrogene.»

Muerte vencida. «Detente, coge el recepto-remisor negro, ordena al

Ministro del ramo, dile que la investigación, oh, Amador, la investigación

bien vale un ratón.» No rías más y, sobre todo, no eches esas gotitas de

saliva que hacen sospechar de tu educación y de tu inteligencia. «En

guerra comíamos las ratas. Para mí que son más sabrosas que el gato.

De gato estoy ya hasta aquí. Los gatos que hemos tomado. Éramos tres.

Lucio, Muecas y servidor.» Proteínas para el pueblo desnutrido. Cuyas

mitosis -éstas normales- carenciales, en el momento de la emigración de

las motoneuronas hacia el córtex, por falta de tales principios renquean

y perecen, tal vez disminuyen su número, tal vez se disponen de modo

poco ordenado o deficiente, tal vez siguen mancas de las necesarias

ramificaciones. Y así quedamos, incapaces para el descubrimiento de las

causas de la neoplasia destructora. Amador me mira. Ve mi rostro

ridículo. Eso le hace reír. En el binocular, a falta de electrónico, porque

no hay créditos, haciendo un recuento de núcleos monstruosos y

Amador, ya con su boina parda, todavía con su bata blanca puesta se va

a lo de atrás, donde aúllan los tres perros flacos que sólo de vez en

cuando orinan tanto y huelen tan fuerte. Amador, deseando acabar con

los perros, como ha acabado con la cepa, espera una orden que yo no

doy, sino que miro y escucho, queriendo oír lo que pueda decirme que

me saque de esto. «Muecas tiene», dice Amador. Error. No todo ratón es

cancerígeno. No todo ratón es de la cepa del Illinois nativo, hábilmente

seleccionada entre dieciséis mil cepas, en laboratorios traslúcidos de

paredes brillantes de vidrio, con aire acondicionado ex profeso para la

mejor vida ratonil. Hábilmente seleccionada a través de las familias de

ratones autopsiados, hasta descubrir el pequeño tumor inguinal y en él

implantada la misteriosa muerte espontánea destructora no sólo de

ratones. Las rubias mideluésticas mozas con proteína abundante

durante el período de gestación de sus madres de origen sueco o sajón y

en la posterior lactancia y escolaridad. Aunque hermosas, insípidas pero

nunca oligofrénicas, con correcta emigración de neuroblastos hasta su

asentamiento ordenado en torno al cerebro electrónico de carne y lípidos

complejos, que utilizan ahora para hacer recuentos de mitosis en el

palacio transparente. Así esa cepa aislada, extinguida ahora aquí por

culpa de falta de vitaminas, tras haber gastado en ella los menguados

créditos del Instituto. Traídos del Illinois nativo los ratones -machos y

hembras- separados los sexos para evitar coitos supernumerarios no

controlados. Con provocación de embarazo bien reglada. E n cajas

acondicionadas, por avión, con abundante gasto de divisas. Y ahora se

han acabado, se han ido muriendo a un ritmo más rápido que el de la

reproducción -¡más rápido que el de la reproducción!- y Amador ríe y

dice: «Muecas tiene». Muecas vino aquí, a este aire cargado de olor de

perro aullador que no orina. Al no orinar, víctima de su violenta carga

afectiva, el perro elimina sus esencias por el sudor. Al no sudar más que

por la planta de los pies, el perro elimina su aroma también por el

aliento, con la lengua fuera así colocada a los fines de la transpiración….

 

martes, 5 de marzo de 2013

Maricarmen Colodrero "Monólogo Interior"


Monólogo interior

 

Hasta las cosas más nímias tienen ahora para mi una gran importancia. Cuando me asomo a la ventana para ver qué ropa he de ponerme, me suelo equivocar, como hoy. Es que en el cuarto piso se nota mucho más el aire que a nivel de la acera de la calle, y eso significa que pasaré calor.

Hace muchos días que no me cruzo por el barrio con Mercedes y Marisa. Como yo no las veo no soy capaz , por la voz de determinar su edad, su aspecto…Creo que tienen más edad que yo.

Desde que estoy ciega me he dado cuenta de lo importante que es para las personas mayores el prestarme asistencia. La mayoría de las veces no la necesito, pero no digo nada…. Y ellos o ellas me cruzan una calle, me ayudan a subir dos o tres peldaños.

La verdad es que a mi no se me dan muchas ocasiones para ejercer la compasión, por eso utilizo esa treta para que , por ejemplo, un anciano renqueante tenga oportunidad de sentirse útil. No me cuesta nada hacerlo, por otro lado jamás me he sentido humillada porque me quisieran prestar un apoyo, que, como digo, en la mayoría de los casos no necesito.

Debe ser cosa de carácter eso de no sentirme indefensa y vulnerable, aunque mi objetividad me dice que lo soy. Además no acabo de saber por que reacciono así, ya que se perfectamente lo que significa que me engañen porque soy ciega. Me pongo mala cada vez que recuerdo el día en que dejé entrar en casa al afilador para que bajara a la calle los cuchillos, y volvió acompañado de otro para birlarme las joyas.

Quizá hubiera sido peor si hubiese visto…. Probablemente hubiese querido que salieran de mi casa, habría gritado o dios sabe qué…. Y entonces quizá me hubiesen pegado o herido.

Pero “agua pasada no mueve molino”, así que no merece la pena recordarlo.

Últimamente el sistema de sonido de los autobuses que cojo va apagado. O muy bajito. ¿Tendrá que ver con la crisis o, será casualidad?.

Si no quiero andar a voces con el conductor le pregunto a cualquier pasajero cercano. Ese sistema es mucho más humano. Y vuelvo a hacerme una pregunta: ¿Para qué se gasta tanto en esa cosa, si luego no se le saca rendimiento?.

Hay cosas que parecen mentira. Recuerdo un día que , después de bajar del autobús, me ayudó a cruzar un vecino de otro bloque. Su tono era deferente y educado, pero, no recuerdo por qué, dijo que era muy molesto oír todo el tiempo los mensajes anunciadores de la parada.

Con esto pasa como con los pasos de peatones con sonido, hay gente a quienes les molesta y los averían.

Atención ahora. Ya van varios días que al cruzar aquí, aproximadamente a las cuatro menos cuarto, entra desde la otra calle un automóvil, con su bicho, que no mira si alguien está cruzando. El otro día  pasó como una exhalación muy cerca de mi. Tengo que pararme a escuchar.

El rato del viaje prefiero utilizarlo para organizar mis actividades, o para memorizar el sinfín de cosillas que tengo que decir a mis hijos, la chica, detalles del cuidado de mi madre.

Todo no puede ser leer y leer, por más que sea lo que más me gusta.

A ver si termino la bufanda de punto, creo que va a quedar muy original cuando mi hija le ponga los flecos y disimule con flecos también mis errores al tejer. Llevo tanto tiempo sin hacer punto que seguramente , cuando termine estará pasada de moda.

Si es así se la daré a mis nietas para que jueguen.

Los soldados de Capitanía, ahí en Alcalá, ya me conocen. Hy uno muy simpático que me ayuda para que, si voy distraída, no me meta en el cuartel.

-         Si quiere Vd., pase y le enseñamos el patio – me dijo el otro día.

-          Si entro no me voy a enterar de nada, - le respondí- claro, que si luego me llevan a casa en geep….

Por nosotros no hay problema – contestó riéndose.

 

lunes, 4 de marzo de 2013

Juan Carlos Coronel "Tres letras"

TRES LETRAS

Solo tres son tres letras, que poco, pero tienen un significado hermoso, ellas solos ocupan mi pensamiento. Cuando tomaba el metro
en Legazpi, hacía unos pocos minutos que nos habíamos separado, cada uno a sus quehaceres, yo iba hasta Plaza de España, allí trasbordaba a la línea 10 hasta Cuzco, unos 40 minutos de camino. Pues bien, en ese lapso de tiempo te empezaba a recordar, tu voz,
tu cara, tus ojos, tu cuerpo junto al mío durante las noches, tu beso al salir.
- Que tengas buen día Juan
- Y tu charrita hasta luego
- Pórtate bien ¿ he ?
- Seré buen chico
Que simple, que sencillo, cuanto cariño en esas cuatro frases, que complicidad tenemos, solo con mirarnos sabemos como está el otro
y así andamos nuestro camino, desde 2007, cuidándonos, estando pendientes el uno del otro, conociendo lo que cada uno necesita en
cada momento, un beso una caricia ó su propio espacio.
Hoy día, las cosas han cambiado un poco, yo ya no trabajo, tu continuas en tu puesto de administrativa, lejos de depara,, estamos
más unidos que nunca, cada mañana, te preparo el desayuno, peleamos en broma, por la tostada más hecha, siempre te la llevas tu,nos despedimos como siempre, te veo bajar las escaleras y ya estoy deseando que regreses, hago las faenas de casa, la compra limpio los muebles, preparo la comida, y te espero y continuas en mi pensamiento, me llenas la vida incluso cuando no estas a mi lado
te vas y te extraño.
La hora de la comida es especial, me cuentas lo que hiciste en la mañana, como esta Charo, esa compañera con la que te llevas tan bien, la tele desgrana las noticias, Bárcenas, el Duque, los espías, no hacemos caso, nosotros a lo nuestro, nuestra conversación, nues
tras cosa.
Te vuelves a marchar de nuevo, las tardes son más tediosas, lavar los platos, un rato de lectura y otro poco de play, regresas y dejo de pensar en ti, ya estas a mi lado. Mientras hacemos la cena, “ hoy pescado mi niño “ te sonrío, sabes que no me gusta, pero tu lo haces de manera que ni protesto.
En las noches en que te digo “ sos la pebeta más linda del mundo “ se realiza lo más grande y lo más bello, un hombre y una mujer, en
tregados el uno al otro, sintiendo el amor que se tienen.
Solo tres letras tiene tu nombre, solo tres.
A de amor
N de novia
A de amiga
Estas cada minuto, cada segundo en mi pensamiento.  con solo tres letras me llenas la vida ANA


FIN

domingo, 3 de marzo de 2013

23ª Recomendación literaria

En esta ocasión os traigo una novela de Jonathan Franzen que se titula LAS CORRECCIONES. Nos da una visión de la Norteamérica de los útimos años des siglo XX.

sábado, 2 de marzo de 2013

María Dolores León "Una carrera en taxi"


                                                

                                                UNA CARRERA  EN  TAXI

                                                      María D. de León

                                                     Madrid, 07.03.13

 

-- ¡Taaxiii!

 

“¡Menos mal! A estas horas y lloviendo, milagrito del Niño Jesús. No soporto  a madame Maripelos. Ayer por 10 minutos, menuda bronca.   Se me ha rizado  el flequillo como un santo de iglesia.  Dinero tirado en la peluquería.  A ver si me da tiempo a pasarme el secador. Que poquitas ganas tengo de nada. Con este tiempo es que no apetece salir a la calle. No estoy de humor para oir a la bruja, espurriandome de perdigones:

“Vanessa, hija,    como siempre tarde. Te lo voy a descontar…”¿Y este gilipollas que está mirando? Bastantes imbéciles de pago aguanto a diario. Mejor miro por la ventanilla, si no, le  voy a soltar una fresca. El día menos pensado le canto cuatro verdades a esa.  Buen rendimiento me saca. Y además canto gratis.  Hoy no aguanto un pelo. Tenía que haber llamado y decirle que  estaba con el mes. Pero cualquiera. apunta en el calendario las fechas de cada una.  Depresión. Eso es depresión por escasez de sol.. Anochece tan pronto. A partir de abril soy otra.  ¿Habrán arreglado el foquito rojo? Lleva dos dias fundido. ¡Anda! “Miss You” de rebajas.  Echaré  una ojeada. Necesito reponer el conjunto negro. Es el mas solicitado. Se me está clavando el tanga. Fijo,  he engordado. ¡Qué molesto! Mañana que no se me olvide: yogures y manzanas. La falda me importa menos, mientras las costuras aguanten….  Con un poquito más de peso los jerseys me quedan de impacto. Los tios son como niños de teta. Pocos llegan a la edad adulta. Debo estar reteniendo líquidos. Cola de caballo a penas queda. Me sienta de maravilla. Mañana a ver si me animo a madrugar y llego al herbolario antes de las dos. Tienen un horario que ya, ya…  ¡Ay, el cumple de Marga! Casi se me pasa. Le mandaré un mensajito. Es una tia guay de verdad. ¡Que mala suerte con la nena! Por lo menos su chico es de ley,  las cuida. Yo antes muerta que tonta.  Encima piensa que ha sido un castigo de Dios. Tantos abortos  la pobre. Y este, pisando huevos. Mira que le dije por Bailén, por Bailén… Pues no señor, los taxistas a su puta bola… Esta semana libro ¿el…? Martes Chaquiyaa, miércoles Gely… Rogelia, la gente de pueblo no piensa en el porvenir de sus hijas al bautizarlas. Los de capital somos mas finos… Si, el jueves me toca. Avisaré a mi Leo. Abro un par de latas de fabada y comemos  tan ricamente. Me gustaría que me llevara  a ver a la Lina Morgan. Yo invito.  Se piensa que este trabajo es descansado: “Si os pasáis el dia tumbadas…” Como un día me pille con los cables cruzados se va a enterar... A buenas, la mejor, pero  a malas, soy mala, mala. Tengo que ser menos blanda con él, pero me ha  sorbido el “sexo”.

Le veo tan hombre… Que ganas de llegar para librarme del tanga…¡ ¡Haaala, vaya atasco…!  Se lo advertí. Y encima los semáforos no funcionan.  Hay que joderse. Ni cinco de propina le voy a dar. Como no despeje  en cinco minutos, me bajo y le dejo plantado. Que pocas ganas de trabajar… Purita  se lo ha montado bien. Clientes particulares. A su aire, sin horario… Claro, con  el fijo  cubre gastos. Los otros para hacer huchita… A mi sola me daría reparos. Te toca un “pirao” y … A mas de una la han encontrado destripada.  Se me pone carne de gallina.  No quiero ni pensarlo. Artista, eso es lo mio. Leo me lo dice: “Chati, tu a cantar y a enseñar las piernas; yo tu manager….” Lentejuelas, plumas, pedrería… A mi me va el género fino. Tara, rirola, liroli, tirolaaa…Tengo que cambiar el repertorio. Todos se lo saben y  no me prestan atención. A ver que me aconseja  Puri. Esa sabe más que los ratones “coloraos”. Mira que si un dia leyeran en un cartelón  del  Latina: “Miss Vanessa, estrella internacional”. Solo de imaginarlo  se me eriza el vello. El de Manresa  aprecia mucho  mis interpretaciones... Pasta tiene de sobra para  ser  empresario… Soñar es bonito de verdad. Le  encenderé una  vela al Niño del Remedio. Ayuda. Y este cachito de chocolate para celebrar mis éxitos futuros. Alegría, hay que inspirar alegría. Según Maripelos desempeñamos una labor social al levantar los ánimos. No nos podemos permitir el lujo de estar tristes, para eso tienen a sus santas.

Estaría bueno.. ¡Hala, bonita, alegría y buenas propinas!  La verdad es que hoy  no tengo el cuerpo para mucho ajetreo . Si viene el carnicero estoy de suerte: sumisa. Pero como aparezca don Justo…  No se cansa de recibir azotes ni  castigos. ¡Tan mayor, me da una pena…! Mira que jacarandosa va la senegalesa… Otra que llega tarde. Juntas tocaremos a menos bronca.  Cóbrate la propina en vista, chaval…¡Que te den!”

 

-- ¡Khaadyyy…!

 

martes, 26 de febrero de 2013

Vicente Ibáñez y Marta Ibáñez "Una historia de París"

  UNA HISTORIA DE PARÍS

Finalizaba el año 1885 y un joven muchacho, de unos 17 años vagaba sin rumbo por las calles de la espléndida capital francesa. Se llamaba Raphael y decir que su vida había sido mala era quedarse corto. Nadie conocía su nacionalidad, solo sus padres. Pero ellos ya no podían decírselo, su padre murió de una terrible y dolorosa enfermedad en los suburbios de Roma, junto a él y su madre, que, abrumada por el dolor de la pérdida de su marido decidió tirarse al río Tíber desde el puente más alto de la ciudad. El pobre Raphael, con tan solo 8 años, un dolor increíble en su pecho y el peso de todo el mundo sobre sus hombros, emprendió una marcha a donde quisiera el cruel destino llevarle. Y así fue como, 2 años más tarde, el pequeño llegó al glorioso Paris, aunque para él fuera otra ciudad cualquiera.
Esos tristes ojos verdes, que cautivaban a cualquiera que los mirara, se posaban ahora ante una gran obra que había encontrado andando por las calles. Se rumoreaba que, en ese lugar, estaban construyendo una especie de torre altísima de metal. “Bah, ¿para que necesitará este sitio una torre? ¡La gente gasta el dinero en unas cosas más estúpidas…!” pensaba mientras se colocaba la gorra y decidió ir al café y llegar un poco antes al trabajo. Así de monótona era su vida, todos los días lo mismo. A veces pensaba en lo fácil que sería saltar desde algún sitio y acabar con eso. “No” pensaba en esos momentos “tengo que vivir y disfrutarlo, se lo debo a papá y a mamá”
Y, con una lentitud digna de prodigio, llegó el mes de Mayo. A Raphael le gustaba ese mes, no hacía mucho calor y se podía pasear a gusto. Pensó que podría ir a ver esa torre que acababan de inaugurar, la “Torre Eiffel”. Con paso lento pero decidido se encaminó hacia allá, disfrutando del tiempo. Cuando llegó se quedó cautivado. Era una torre de metal, de color metal, pero enorme. “Madre mía” pensó “debe de medir muchísimo, más de 100 pisos”.
Todos los días daba un buen paseo desde su casa hasta el café para ver la torre, porque cada vez que la veía se sentía un poco mejor. Un día, un domingo a mediados de Junio, se enteró de que habían permitido el acceso a la parte alta de la torre. Se colocó la gorra y fue hacía allá, por el camino se compró un helado y disfrutó como las pocas veces que, estando sus padres en vida, le habían comprado uno y charlaban distendidamente por las calles de Roma.
Subiendo por la escalera y mirando hacia abajo para no ver el paisaje antes de tiempo llegó a la cúspide. Se acercó a la barandilla y se agarró fuerte, por el vértigo. Poco a poco abrió los ojos que había cerrado momentos antes y observó, maravillosamente cautivado la preciosa vista de esa que ahora era su ciudad. Corría el viento y eso hizo que su preciada gorra cayera hacia atrás y perdiéndose enseguida de vista. Raphael rió, feliz como no lo estaba desde hace mucho tiempo, “¿Qué más da? ¡Ya me compraré otra!”. Y así fue como Raphael recuperó la alegría gracias a esa majestuosa torre que todavía hoy se alza en la espectacular ciudad de la luz, en el precioso y asombroso Paris.
FIN